La crisis diplomática entre Argentina y Brasil alcanzó su punto de mayor tensión en lo que va de la gestión. En la tarde del domingo, el Ministerio de Relaciones Exteriores del país vecino convocó con carácter de urgencia al embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, para exigimle explicaciones formales sobre las declaraciones vertidas por el presidente Javier Milei.
La citación formal se produjo pocas horas después de que el Palacio de Itamaraty llamara a consultas a su propio representante en Buenos Aires, Julio Bitelli, en señal de repudio por las expresiones de Milei durante el acto del Partido Liberal en San Pablo. Allí, el mandatario argentino calificó a su par Luiz Inácio Lula da Silva de “presidiario” y “ladrón”, brindó un explícito apoyo a la candidatura opositora de Flávio Bolsonaro y dirigió severos cuestionamientos al magistrado del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes.
Al malestar generado en territorio brasileño se sumaron los dichos vertidos horas más tarde por el Presidente argentino durante una entrevista concedida desde el predio de la Sociedad Rural. En ella, Milei sostuvo que el gobierno de Lula aportó un “25% de los recursos” para financiar una operación mediática en contra del país, afirmación que realizó sin aportar documentación, informes de auditoría o sustento probatorio alguno.
De acuerdo con reportes de medios internacionales como Folha de S.Paulo, fuentes diplomáticas brasileñas evaluaron el conflicto como la tensión internacional más grave que enfrenta la administración de Lula da Silva desde el contrapunto diplomático mantenido con Israel a comienzos de 2024.