Cada 4 de septiembre se conmemora en la Argentina el Día del Inmigrante, fecha fijada en 1949 en recuerdo del decreto emitido por el Primer Triunvirato en 1812 para acoger a las familias del mundo que decidieran asentarse en el suelo nacional. En ese marco, la historia de Comodoro Rivadavia se destaca como uno de los ejemplos más contundentes del peso que han tenido los movimientos poblacionales en la constitución social, productiva y cultural.
El historiador y docente de la UNPSJB, Daniel Cabral Marques, analizó cómo se forjó la trama social de la ciudad petrolera y enfatizó el denominador común que atravesó las distintas corrientes: “Comodoro es una ciudad históricamente construida por los flujos migratorios. Aunque hay una historia muy interesante e intensa que cambia según los momentos a estudiar, en lo que coinciden los inmigrantes hacia Comodoro es en la búsqueda común de progreso y el ascenso social”.
Esa dinámica consolidó una fisonomía particular, donde conviven raíces de comunidades extranjeras y de una marcada migración interna procedente de diversas provincias argentinas. “Comodoro es una ciudad nueva. Nacidos y criados vamos ya casi tres generaciones te diría, de hijos de inmigrantes extranjeros y de migrantes internos también”, reflexionó Marques al repasar la corta y vertiginosa línea temporal de la localidad.
Asimismo, el especialista vinculó la fluctuación de los arribos al pulso del trabajo y la actividad económica. En relación con el panorama contemporáneo, evaluó: “Estamos en una etapa de retracción de los flujos migratorios, pero si la tendencia económica se dispara, probablemente vuelva a dispararse la migración, también a nivel país”.