El circuito callejero por el que anduvo Franco a fuerza de trompos y aceleraciones abarcó tres kilómetros y se concentró en torno al Monumento a los Españoles. Tras la primera vuelta del mediodía, que dejó la marca de los cauchos quemados en la calle, el piloto de Alpine ya había pasado a la historia como el primer argentino en conducir una máquina de F1 por el asfalto porteño.
“La alegría que hoy nos dio a todos Franco solo es comparable con las grandes celebraciones de la historia argentina. Fue una gran oportunidad para mostrarle al mundo la pasión que tenemos por los fierros y la capacidad de la Ciudad para organizar eventos de este tipo”, sostuvo el Jefe de Gobierno, Jorge Macri, junto a su esposa, la periodista María Belén Ludueña. Y agregó: “Ya tenemos confirmado el MotoGP para el año que viene y queremos ir por más: que el sueño de la F1 en el Autódromo se haga realidad en poco tiempo”.
Miles de personas llegaron al circuito desde la mañana: familias enteras y un público mayoritariamente joven llevaban carteles y merchandising con el nombre del piloto pilarense y los colores de Alpine. Los balcones de los edificios parecían tribunas, como en Mónaco, con banderas y gritos de aliento.
En un fin de semana en el que convivieron eventos masivos como el inicio de la Feria del Libro, el final del BAFICI, el show de No te va a gustar en Ferro, Margarita en el Planetario y la Maratana en Puerto Madero, el despliegue de la organización de la Ciudad en Palermo incluyó las áreas de Seguridad, Espacio Público, Tránsito y SAME. Para garantizar el orden, se prohibió el acampe y la venta ambulante, hubo un operativo especial de limpieza y más de 1.200 policías.

“Esto fue impresionante, hubo mucha gente y lo disfruté. Para mí fue un placer y un orgullo enorme estar acá: es algo que no imaginaba, sí lo soñaba, pero no pensé que iba a llegar tan pronto. Ojalá que dentro de muy poquito tengamos un Gran Premio de Fórmula 1 en Argentina”, reconoció Franco, que hizo varios giros con un coche de carrera icónico: un legendario Lotus E20 del año 2012, cuya tecnología lo hace todavía más potente y ruidoso que los actuales híbridos V6 de F1.
Equipado con un motor Renault V8 de 2.4 centímetros cúbicos, los colores del equipo BWT Alpine Formula One Team y el #43, su sonido ensordecedor hizo vibrar las ventanas de los edificios y provocó en el público un estado que transitó entre el estupor y la fascinación.
“Fue un fiestón. Vino gente de Brasil, Paraguay, Uruguay y Chile. Estamos felices por esta gran movida. Fue un esfuerzo importante traerlo y hubo una gran organización. Es una manera más de tratar de convencer a la gente de la F1 para que confíe en nosotros, hay que ganarle a otras ciudades del mundo. Y esto es un plus a favor nuestro”, dijo Jorge Macri, y destacó la elección de la Ciudad como Capital Mundial del Deporte 2027 y los avances del plan de obras para modernizar el Autódromo y convertirlo en una pista de categoría internacional, lo que hace que ese sueño esté todavía más cerca.
La segunda pasada hizo delirar a la gente: con las clásicas antiparras de lente dividido que usaban los corredores de mediados del siglo XX y una bandera argentina, Franco dio varias vueltas a bordo del Mercedes-Benz W196, una réplica del famoso Flecha de Plata con el que Juan Manuel Fangio ganó los campeonatos mundiales de 1954 y 1955. Resplandeciente, con dos escapes cromados asomándose por el costado derecho, llevaba el #16 en la trompa: el número que usó el quíntuple campeón mundial durante sus carreras más exitosas.

Los accesos a las plazas Seeber y Sicilia se abrieron a las 9: había escenarios y pantallas gigantes para seguir los giros del monoplaza desde distintos ángulos. Se presentaron Soledad Pastorutti, Dj’s y la Orquesta Sinfónica de la Ciudad, y hubo una gran emoción cuando, a punto de que Franco saliera a la pista, Patricio Sardelli tocó el Himno Nacional con guitarra eléctrica y tres aviones de la Fuerza Aérea surcaron el cielo dejando una estela celeste y blanca.
La última salida de Franco no fue con un coche de carrera sino arriba de la caja de un camión que recorrió todo el circuito para saludar a la gente. Lo acompañó su amigo, el músico y productor Bizarrap. “La pasé espectacular y le demostramos a la gente de la Fórmula 1 que nos merecemos una fecha en la Argentina”, completó el piloto.