Reirse es una terapia que contagia el cuerpo. La sonrisa deja músculos en la cara, pero fortalece mucho más el corazón. El conectar con el otro en las malas, como en la enfermedad o en las buenas como son los nacimientos, es una adrenalina que solo conocen los Payamédicos.
Este 5 de noviembre se celebra el Día del Payaso, en relación al nacimiento de Emilio Alberto Aragón Bermúdez, “Miliki”, fue uno de los integrantes del célebre trío de payasos Gaby, Fofó y Miliki, que conquistó al público de distintas generaciones. Junto a sus hermanos Gabriel y Alfonso, Miliki desarrolló una extensa trayectoria artística en el circo y la televisión. El grupo dejó canciones inolvidables, entre ellas “Hola Don Pepito, hola Don José”, que alcanzaron una enorme popularidad en España y América Latina, incluida la Argentina. Los Payamédicos comunicaron a todos este jueves que era su día. Eligieron hacerlo con un mensaje con una fibra de color con la que escribieron en un pequeño pizarrón: “Hoy es el Día de los Payamédicos. ¿Me regalas una sonrisa?”.
La figura del Payamédico crece a pasos agigantados en nuestro país y sobre todo porque se van sumando cada vez más payaamigos al acompañamiento que realizan en los hospitales y sanatorios privados.
Los jueves son días en los que los Payamédicos recorren los pasillos de la Asociación Española de la calle Mitre. De un piso al otro van acompañando a los pacientes. Suben con cuerdas imaginarias, conducen autos inexistentes, y también inventan situaciones especiales que cambian el mundo entero. Transforman un mundo gris en colores.

Este jueves, una de las mujeres que esperaba para un estudio del corazón en el cuarto piso del sanatorio estaba tan angustiada, que la doctora Laly y sus compañeras, no dudaron un minuto en cambiarle el día.
La invitaron a bailar en medio de la sala espera, y el rostro ya no fue el mismo. Por un momento el susto desapareció. “Uno está tensionada y me levantaron el ánimo. Es una cosa hermosa la que hacen” confiesa la paciente a Del Mar Digital.
Ingresan al ascensor y allí se sacan una foto con su camarita de juguete. El recuerdo queda en sus retinas. En el ambiente se respira buena energía. Tienen un payalenguaje muy especial, solo hablan y se refieren en positivo, nunca en negativo. No existe para ellos la palabra no, y tampoco la negación.
“Siempre son un alivio. Hay gente que pasan momentos dificiles y esa sonrisa siempre es buena y la disfrutamos tambipen mucho nosotros” dijo uno de los empleados del sanatorio, al que los Payamédicos sorprendieron al bajar de ascensor y con los que terminó jugando un rato.
El juego, el baile, la sonrisa, y el abrazo, es lo que van proponiendo a cada paso. A empleados, pacientes, niños y doctores. Observan primero la situación, y preguntan después. Conectan primero con la persona, porque saben que esa conexión es con la mirada y luego con la compañia. Burbujas de colores, pinturitas y pequeños dibujos. Stickers y juguetitos son lo que van regalando. Le alegran la mañana a los más pequeños, pero también a los más grandes. Una vez que se caracterizan con sus guadapolvos, y sus ropas de colores, dejan de ser esa persona singular, comienzan a caminar juntos, es energía grupal, simbiosis de una vibra muy alta que es difícil de dejar pasar.
“Es algo muy lindo lo que hacen con los niños, como los alientan, los calman y le dan cariño, y la verdad que se nota que lo hacen de corazón. En momentos dificiles, aparecen con sus chistes, sus pequeños regalitos, me encanta. Muchas felicidades y ojalá que sigan así” confiesa la madre de un niño paciente en la sala de espera. Su hijo los saluda y les agradece, ya es un payamigo.
Los Payamédicos, invitados al living de Del Mar Digital comienzan a recorrer las cuatro cuadras que separan el sanatorio de la radio. Son las 11, y el Centro se mueve con la vertiginosidad de un día de semana. Cada uno metido en sus problemas. Los clientes, entran y salen pensando en lo que iban a buscar. Los payamédicos, los van imitando. Se llevan la mano a la oreja haciendo que hablan por teléfono, desfilan entre las veredas como en una pasarella. Bailan con los vecinos que van pasando, se introducen a cada uno de los locales comerciales de la calle San Martín, y cantan con los comerciantes. Vocalizan, hacen rondas. Entran corren entre los vestidores y van pidiendo risas.

“En esta época, nosotras ahora en el comercio estamos muy bajón, porque hay muy poco movimiento. Los conocíamos porque sabemos que están en el Hospital, pero es la primera vez que vienen acá. Nos alegraron la mañana” confesaron dos vendedoras de una tienda de ropa para niños de la calle San Martín.
La llegada a la radio es monumental. Ingresan al “Todo Fiesta”, y saludan a los cumpleañeros a través del streaming. Sentados en el living, destacan la voz de Carlos Omar, y regalan un momento hermoso a cada trabajador de la redacción y de la radio, obsequian lo más valioso que tiene el ser humano, su tiempo y la compañía.
