Carlota tiene una historia de lucha marcada por la constancia y la necesidad. Jubilada y oriunda de Las Heras, desde hace tres meses trabaja todos los días vendiendo tortafritas en la esquina de Alsina y Sarmiento, en Comodoro Rivadavia.
“Siempre vendemos todo lo que hacemos, poco pero vendemos todo para poder seguir comprando cosas y seguir vendiendo”, contó. Su rutina no es sencilla: el frío se hace sentir con fuerza, pero aun así continúa firme en su puesto. “El frío nos mata un poco, pero después todo bien”, resumió en diálogo con Del Mar Digital.
Con su jubilación cubre apenas los medicamentos que necesita y los insumos para continuar con su emprendimiento. A pesar de las dificultades de salud —fue operada de las caderas y se moviliza con un bastón— no baja los brazos. “Es mi compañera”, dijo en referencia al bastón que la ayuda a caminar.
La situación económica también impacta en lo cotidiano: este mes no pudo comprar zapatillas y trabaja con calzado liviano. Sin embargo, destaca el acompañamiento de sus clientes habituales. “Tenemos mucha clientela, taxistas, remiseros, maestros… hay mucha gente que nos sigue”, expresó.
Carlota quedó viuda hace 14 años, pero encontró en este trabajo una forma de salir adelante y mantenerse activa. En la previa del Día del Trabajador, su historia refleja el esfuerzo de quienes, aún en condiciones adversas, siguen apostando al trabajo diario.