COMODORO RIVADAVIA Y RADA TILLY  |  Jueves 16 de abril, 2026

La historia del nieto 140: nacido en cautiverio, buscado por su hermana, encontrado 47 años después

Durante años lo buscaron y esta semana, Abuelas de Plaza de Mayo anunció la restitución de la identidad del nieto número 140. Es hijo de Graciela Romero y Raúl Metz, desaparecidos en 1976, y hermano de Adriana, que nunca dejó de buscarlo.

El nieto restituido número 140 nació el 17 de abril de 1977 en el centro clandestino de detención conocido como La Escuelita de Bahía Blanca. Es hijo de Graciela Alicia Romero y Raúl Eugenio Metz, quienes fueron secuestrados en diciembre de 1976 en Cutral-Có, provincia de Neuquén, durante la última dictadura militar.

El anuncio fue realizado este lunes en la Casa por la Identidad, donde la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, expresó: “Su hermana lo buscó desde siempre”.

La historia de Graciela y Raúl

Graciela Romero nació en Bahía Blanca en 1952 y era conocida como “Peti”. Quienes la conocieron la recuerdan como una mujer “estudiosa, emprendedora, de buen humor”. Estudió Economía y más tarde se dedicó a la militancia. Su hermana menor, María Elena, también fue víctima del terrorismo de Estado: fue asesinada en 1977.

Raúl Metz, nacido en 1953 y apodado “Melli” por tener un hermano gemelo, creció en una familia con fuerte tradición política. Su abuelo era ferroviario y militante comunista. Junto con su hermano Néstor, militó en la Federación Juvenil Comunista. Ambos fueron detenidos por la dictadura de Onganía y trasladados como presos políticos. Fue entonces cuando Raúl conoció a Graciela, una de las personas que participó de la campaña por su liberación.

Tiempo después, se enamoraron, formaron pareja, se unieron al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y en 1975 tuvieron a su primera hija, Adriana.

En diciembre de 1976, la familia vivía en Neuquén. El 16 de ese mes, un grupo integrado por el Ejército y la Policía irrumpió en su casa. Raúl y Graciela, embarazada de cinco meses, fueron secuestrados. A su hija Adriana, de poco más de un año, la dejaron con un vecino. “Tomá, criala como si fuera tuya”, le dijeron. Ese hombre decidió contactar a la familia. Días después, los abuelos paternos la buscaron y la llevaron a Bahía Blanca.

Graciela y Raúl fueron trasladados al centro clandestino La Escuelita de Neuquén, y luego a Bahía Blanca, donde ambos fueron torturados. A Graciela la revisaron dos meses antes del parto, pero nunca recibió atención médica adecuada. Dio a luz en condiciones precarias y solo pudo estar unos días con su hijo.

En el baño del centro de detención, logró cruzarse con otra secuestrada, Alicia Partnoy, a quien alcanzó a contarle que había tenido un varón. Alicia también oyó que uno de los interrogadores se habría llevado al bebé.

En 1981, desde el exilio, Alicia escribió una carta a los abuelos Metz y les contó lo que había presenciado. Fue así como Adriana supo que tenía un hermano.

Una vida de búsqueda

Tras la muerte de su abuelo en 1982 y la enfermedad de su abuela, Adriana fue a vivir a Mar del Plata con la hermana de su madre. Desde joven se involucró en la militancia por los derechos humanos y participó en los juicios por delitos de lesa humanidad.

Hoy es referente de Abuelas de Plaza de Mayo en Mar del Plata, donde vive con sus hijos. Desde 2023, forma parte de la comisión directiva de la organización.

La restitución

Según informó Abuelas, el caso comenzó a investigarse a partir de una denuncia anónima. Luego, el trabajo conjunto con la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) y la Unidad Especializada para Casos de Apropiación de Niños durante el Terrorismo de Estado (UFICANTE) para casos de apropiación permitió avanzar en la documentación y pruebas necesarias.

En abril de este año, el hombre que hoy se sabe es el nieto de Graciela y Raúl accedió voluntariamente a realizarse un análisis de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos. El resultado confirmó su identidad y cerró, al menos en parte, una historia marcada por el dolor, el silencio y la búsqueda.

“Cada restitución es una victoria de la memoria, la verdad y la justicia”, recordó Abuelas al finalizar el anuncio. Con este nuevo encuentro, ya son 140 las identidades restituidas, y todavía quedan más de 300 personas apropiadas durante la dictadura que no conocen su origen.

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