La Panadería La Hispano Argentina, ubicada en Figueroa Alcorta 405, en el barrio José Fuchs de Comodoro Rivadavia, cumplió 42 años desde que Ángel Barredo comenzó su camino como dueño del tradicional comercio. A sus 79 años, continúa dedicándole tiempo y esfuerzo a un negocio que forma parte de su vida y de la historia de numerosas familias de la ciudad.
Con más de cuatro décadas de trayectoria, el establecimiento se consolidó como un clásico de la panificación local. Durante todos estos años, la panadería recibió a clientes que regresan día tras día y que, con el paso del tiempo, construyeron una relación cercana con su propietario.
“Ayer cumplí 42 años de estar acá. Tengo 79 años”, contó Barredo a Radio del Mar al recordar este nuevo aniversario y el recorrido que realizó al frente de su negocio.
Uno de los aspectos que más destaca es el vínculo que logró construir con quienes visitan el local. Para él, la panadería no representa solamente una actividad comercial, sino también un espacio de encuentro en el que surgieron amistades que perduran a través de los años.
“Son tres generaciones las que vienen, generamos mucha amistad con los clientes, que son amigos de la vida. Hay muchos clientes de muchos años”, expresó, al describir una relación que se mantiene y se transmite entre padres, hijos y nietos.


Esa cercanía con los vecinos es parte de la identidad de La Hispano Argentina, un comercio que acompaña la vida cotidiana del barrio y que se convirtió en un punto de referencia para quienes mantienen la costumbre de acercarse a comprar y compartir unas palabras.
A pesar del paso del tiempo, Barredo mantiene el compromiso con su trabajo y las ganas de continuar adelante con el negocio que conduce desde hace 42 años. “Le pongo empeño y ganas a esta panadería”, afirmó, al resumir la dedicación que sostiene su actividad diaria.
La historia de Ángel Barredo y La Hispano Argentina refleja el valor de los comercios tradicionales de Comodoro Rivadavia: espacios que, además de ofrecer sus productos, construyen vínculos, conservan costumbres y forman parte de la memoria afectiva de distintas generaciones de vecinos.