Rusia activó sus protocolos de máxima alerta tras un nuevo sismo de magnitud 6,8 y la inesperada erupción del volcán Kracheninnikov, que llevaba más de 450 años inactivo. Ambos eventos ocurrieron en la península de Kamchatka, al este del país, en la misma zona donde el miércoles pasado se registró un terremoto de 8,8 grados que generó alertas de tsunami en el océano Pacífico.
El Ministerio de Situaciones de Emergencia de Rusia confirmó que el volcán Kracheninnikov, de 1.800 metros de altura, lanzó una columna de cenizas de casi 6.000 metros de altura. “La nube se ha extendido hacia el este, en dirección al océano Pacífico”, precisó el organismo, y agregó que “no hay zonas habitadas ni grupos de turistas en la trayectoria de la nube de cenizas”.
Las autoridades mantienen una vigilancia constante en la región para detectar cambios en el patrón sísmico que puedan derivar en nuevas erupciones. La última erupción registrada del Kracheninnikov fue en 1550, según datos del Programa de Vulcanismo Global del Instituto Smithsoniano.
La actividad reciente del volcán no es un hecho aislado. En los últimos días también se activó el Kliuchevskoi, el volcán más alto de Eurasia, que expulsó lava y columnas de cenizas. Estas erupciones ocurren en un contexto de alta actividad sísmica: el Servicio Geofísico Unificado de Rusia (SGU) informó este domingo que el nuevo terremoto de 6,8 se produjo a 279 kilómetros de Petropávlosk-Kamchatski, a una profundidad de 25,9 kilómetros.
Según los expertos, este sismo corresponde a una réplica del ocurrido el miércoles. Los sismólogos rusos advirtieron que “el proceso de réplicas, cada vez con menor magnitud, podría extenderse durante varios meses”.
Kamchatka se ubica en una zona de convergencia tectónica entre las placas del Pacífico y América del Norte, lo que la convierte en uno de los puntos más activos del planeta en términos de terremotos y vulcanismo.