Según su testimonio, en los instantes previos a la operación por el hematoma subdural en la Clínica Olivos, el abogado Matías Stinfale lo increpó directamente: “Se me acerca y me dice que si yo operaba a Diego, me tiraba por la ventana”. Luque explicó que, pese a las presiones, él cumplió con su rol pero dejó en claro que su expertiz terminaba en el quirófano.
El médico fue tajante al deslindar responsabilidades sobre la casa de Tigre. “Nunca hablé con ningún enfermero de la internación domiciliaria porque no me reportaban a mí. Yo soy neurocirujano especializado en columna, no soy clínico ni psicólogo”, afirmó. Incluso citó a Gianinna Maradona para respaldar su postura, asegurando que ella misma había pedido buscar un médico clínico de cabecera porque entendía que Luque solo era el cirujano.
Respecto a los audios que se filtraron durante la instrucción, donde se refería despectivamente a las hijas de Diego o hablaba de “comerle la cabeza” al entorno, Luque dio una particular disculpa y explicación. “Cuando yo decía esas cosas, me jactaba de hacer cosas que no hacía. Le seguía la corriente a Maxi [Pomargo]. Pido disculpas, pero era para llevarle la cabeza”, admitió, intentando restarle valor probatorio a sus propias palabras.
Finalmente, el imputado dedicó gran parte de su tiempo a cuestionar los resultados forenses. Calificó de “mentira” que Diego haya agonizado 12 horas y tildó de “primitiva” la medición del corazón de Maradona. “Reanimaron a un cadáver por pedido de la familia”, lanzó con crudeza, sosteniendo que el edema pulmonar y la hinchazón del cuerpo fueron producto de maniobras de RCP tardías y no de una falta de tratamiento previo.