Sergio Navarro (34), único detenido, intentó sostener una versión accidental que la ciencia forense se encargó de demoler punto por punto.
El informe forense fue determinante para que la Justicia cambiara la calificación legal. Ada Barrozo Quilo (44), trabajadora de una panadería y madre de una joven, no murió por un accidente ni por una descompensación. La causa de muerte fue asfixia mecánica, pero el daño interno reveló un ataque feroz: la víctima presentaba nueve costillas fracturadas y ambos pulmones perforados.
Los peritos establecieron que para provocar semejante nivel de lesiones se requirió una fuerza opresiva y sostenida durante más de cinco minutos, algo totalmente incompatible con un movimiento accidental. Además, el cuerpo de Navarro presentaba mordeduras en las manos, lo que indica que Ada luchó por su vida hasta el último segundo.
Cambio de carátula y pedido de justicia
A pesar de que el acusado intentó desviar la atención alegando que su peso fue el causante de la tragedia durante un encuentro íntimo, la querella y la fiscalía lograron que el juez dicte el procesamiento por homicidio doloso doblemente agravado por el vínculo y por mediar violencia de género.
Mientras Navarro permanece detenido, la familia de Ada exige que la condena sea ejemplar para que el nombre de la víctima no quede en el olvido detrás de la insólita coartada.