El operativo, que involucró a guardaparques, guías y operarios, permitió retirar más de 300 kilos de monedas en el lado brasileño y unos 90 kilos en el sector argentino. El acumulado es producto de una vieja tradición entre los turistas: lanzar monedas al agua para “pedir deseos” o como ritual de buena suerte.
Sin embargo, las autoridades del parque y la empresa concesionaria Urbia+Cataratas lanzaron una fuerte advertencia sobre el peligro de esta práctica, explicando que el metal de las monedas se oxida con el tiempo y libera residuos químicos que alteran la pureza del agua. Asimismo, destacaron el riesgo que representa para la fauna local, ya que muchos animales confunden las piezas brillantes con alimento, lo cual puede provocarles la muerte por ingesta.
“Desafortunadamente, hay quienes en lugar de disfrutar del paisaje, mantienen esta superstición que genera un impacto ambiental bastante grave”, explicaron operarios que participaron del despliegue.
Proceso de clasificación
Aquellas piezas que aún mantengan su valor legal y estén en condiciones de uso serán donadas a proyectos de conservación y cuidado del medio ambiente, en un trabajo conjunto con el Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad (ICMBio).
Desde el Parque Nacional instan a los visitantes a abandonar esta práctica y a contemplar el patrimonio natural sin dejar rastro de su paso por las pasarelas.