Si bien el eje discursivo del acuerdo se centró en la necesidad de combatir la pesca ilegal y dotar de equipamiento a las fuerzas locales —un reclamo histórico de la conducción naval—, la letra chica del convenio responde a una estrategia de mayor alcance por parte de Washington para consolidar su influencia en una región clave por sus recursos naturales y su proyección hacia la Antártida.
Equipamiento técnico y la trastienda del financiamiento
El entendimiento, refrendado mediante una Carta de Intención entre el jefe de la Armada, almirante Juan Carlos Romay, y el contraalmirante estadounidense Carlos Sardiello, iniciará su ejecución con la entrega de una cámara de alta resolución para tareas de avistaje aéreo. El punto más relevante es el compromiso de incorporar dos aviones Textron B-360ER MPA equipados de fábrica para la exploración marítima de largo alcance.
No obstante, analistas internacionales señalan que este tipo de asistencia técnica y operativa suele canalizarse a través de programas de financiamiento militar extranjero (Foreign Military Financing). Mediante este mecanismo, la potencia norteamericana facilita el acceso a material de sus propios contratistas de defensa, asegurando la dependencia logística y la compatibilidad tecnológica de las fuerzas locales con los estándares del Comando Sur durante la próxima década.
La disputa con China por el control del litoral patagónico
Detrás del lenguaje cooperativo que resalta la protección de los “bienes comunes”, subyace la intensa disputa que mantienen Estados Unidos y China por el control de las rutas y la infraestructura en el litoral patagónico. En los últimos años, Washington ha mirado con extrema preocupación los intentos de Beijing por financiar proyectos logísticos e industriales en puertos estratégicos de Tierra del Fuego y Santa Cruz.
Con este acuerdo, la administración estadounidense busca bloquear el avance de contratos de defensa o monitoreo con el gigante asiático en el mar territorial argentino. Al proveer los sistemas de vigilancia de última tecnología y dictar el entrenamiento de élite para el personal de la Armada, el Comando Sur se garantiza un rol de observador y auditor directo en el control de la milla 201, una de las zonas calientes de la pesca transnacional en el mundo.