“Andamos con el bolso al lado de la cama, por si hay un evento otra vez, y esperar que pase y salir corriendo” confesó Rowerth en Nuestras Mañanas en Radio Del Mar sobre los terremotos en Venezuela del día miércoles a la tarde.
Dos devastadores terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 en la escala de Richter sacudieron la región norte del país, provocando una catástrofe humanitaria y de infraestructura que ya se cobró la vida de al menos 164 personas y dejó un saldo de 971 heridos.
Los movimientos telúricos, que se sintieron con fuerza en la capital y en los estados costeros, reactivaron una de las zonas geológicas más activas y complejas de América del Sur. La magnitud del desastre mantiene en vilo a los equipos de rescate, que trabajan contra reloj entre los escombros de decenas de edificios colapsados, mientras gran parte de las ciudades afectadas permanecen completamente sin suministro eléctrico.
Los registros históricos demuestran que, en un radio de 250 kilómetros alrededor del punto donde se originaron los sismos de ayer, solo se habían registrado siete eventos de magnitud superior a 6 en el último siglo. Esta prolongada acumulación de tensión tectónica sin liberar explica, en gran medida, la inusual potencia de la ruptura subterránea actual, un fenómeno de liberación de energía concentrada que no se registraba con características similares en esa región desde el trágico año de 1812.
Foto: Federico Parra – AFP