“Elegí esto porque me parecía importante poder transmitirle a la gente el amor que le tengo a mi ciudad. Era la mejor manera de decir lo que uno siente por Comodoro y contárselo a otras personas”, explica Estela al recordar qué la motivó a volcarse a esta carrera.
Crecer junto a un programa emblemático
Aunque ya tenía su título profesional, Estela confiesa que al principio aparecieron los miedos lógicos de cualquier principiante. En sus comienzos, la realidad local era diferente, no había tantos referentes en el sector y el ejercicio diario fue un desafío. Sus primeros pasos estuvieron ligados estrechamente al nacimiento de Turistas por un día, un programa de sensibilización turística impulsado por el Estado municipal y que hoy es un clásico para la comunidad.
Con el paso de los años, no solo creció el programa, sino también su propia mirada sobre la profesión. “Antes quizás éramos mucho más cognitivos, teníamos una estructura más rígida para dar los datos. Después nos fuimos dando cuenta de que lo que buscamos realmente es que los visitantes tengan una experiencia. Hoy en turismo se habla de experiencias”, analiza, marcando además que la pospandemia aceleró este cambio en las exigencias del público.
El “secreto” de ser anfitrión
Ante el mito popular de que los guías turísticos “saben absolutamente todo”, Estela desarma el prejuicio con una sonrisa: “Se nos tilda un poco de eso, pero en realidad no sabemos todo. Lo que no se sabe, se aprende. Lo primero que hay que tener es una gran calidad humana para atender al turista, ser un buen anfitrión y demostrar la calidez de nuestra gente”.
Para ella, el verdadero valor de un guía en Comodoro radica en ser un investigador constante y curioso de su propio entorno, haciéndose preguntas sobre el porqué de cada rincón de la ciudad. Esto implica manejar un bagaje general que cruza lo histórico, lo geográfico, lo natural y lo arquitectónico; pero apoyándose siempre en textos y producciones locales para rescatar anécdotas, usos y costumbres.
Una sociedad multicultural
El punto más lindo de su trabajo, según detalla, es poder contar cómo se transformó la sociedad comodorense a lo largo del tiempo. “Tenemos múltiples identidades que se reflejan en las fiestas, las tradiciones y los barrios”, destaca Estela. Su relato busca siempre que no se olvide cómo está conformada esta comunidad: desde los habitantes originarios hasta las corrientes migratorias extranjeras, las de países vecinos y las inmigraciones internas del norte del país que llegaron para forjar la ciudad.
Hacia el final, deja un consejo de cara a las nuevas generaciones de jóvenes que están estudiando o quieren iniciarse en la carrera: “Les diría que primero que nada hay que tener un gran amor por la ciudad en la que uno vive o nació. Tienen que ser curiosos y amar a su ciudad para poder transmitirle ese mismo sentimiento a los turistas”.