Abigail, madre de una alumna, reveló que en una reunión formal la vicedirectora a cargo, Marina Agüero, propuso una solución rudimentaria: “Esperamos respuestas claras y no que se diga ‘pensamos en traer gatos’. Eso nos dijo la vicedirectora y quedó asentado en el acta”, sentenció indignada.
La tensión escaló cuando los padres detectaron maniobras que van más allá de lo sanitario, asegurando que se dictaron clases a pesar de que los alumnos encontraron rastro de roedores en sus materiales de estudio.
Además, las familias denunciaron que la documentación está bajo sospecha al afirmar que las actas de las reuniones se encuentran adulteradas con corrector, lo que genera una desconfianza total sobre el manejo de la Delegación Administrativa. A este escenario se suma el miedo en el personal escolar, sobre quienes denuncian que existe una persecución laboral para evitar que se filtren fotos de la situación o información a la prensa.
Gran parte de las familias decidió dejar de enviar a los chicos al establecimiento desde el jueves pasado. Aunque bajo presión se logró una fumigación reciente, los padres exigen protocolos claros de desratización y transparencia en la gestión de Agüero, quien está al frente del colegio mientras el cargo de dirección permanece vacante.