El caso cobró singular repercusión al descubrirse que Quiroz, de nacionalidad chilena, cuenta con un frondoso prontuario delictivo y habría utilizado al menos diez identidades distintas para eludir a la justicia en diferentes provincias del país.
El frustrado asalto se desencadenó cerca de las 2:30 de la madrugada del domingo, momento en que el Centro de Monitoreo Urbano detectó la activación de una alarma con sensor de movimientos sísmicos en el establecimiento. Tras visualizar a través de las cámaras de seguridad a un Fiat Uno blanco alejándose de la zona, la policía montó un rápido operativo cerrojo que permitió hallar el rodado abandonado en la calle Gobernador Maíz al 500.
Posteriormente, las fuerzas de seguridad desplegaron un exhaustivo rastrillaje por los techos y patios de las propiedades linderas. La maniobra culminó con la aprehensión de López en el patio interior de una gomería de la avenida Gales, mientras que Quiroz fue ocultado y acorralado sobre el techo de un domicilio vecino. En el lugar, la policía constató daños en las chapas y en una pared divisoria, confirmando la hipótesis de que pretendían horadar el muro para irrumpir en la joyería.
Durante las diligencias de rigor, los efectivos secuestraron un importante arsenal de herramientas destinadas a la perforación, incluyendo mechas para pared, cortafierros, equipos de comunicación HT con baterías de repuesto y auriculares inalámbricos. Aunque no se registraron faltantes dentro del local comercial, los investigadores analizan la incautación de un posible dispositivo inhibidor de alarmas.
La causa está bajo la órbita de los funcionarios de la Fiscalía Gastón Alcucero y Juan Pablo Santos, quienes trabajan para establecer la verdadera identidad del imputado trasandino —quien también figuraba bajo el alias de Joel Gaspar Muñoz Jofré— y determinar si existieron más cómplices integrando la banda de boqueteros.