La cuenta regresiva para la semifinal entre la Argentina e Inglaterra ya se vive en las inmediaciones del estadio de Atlanta. Desde temprano, una multitud de hinchas argentinos comenzó a ocupar los alrededores de la cancha con banderas, camisetas y bombos, aunque no todos tienen asegurado un lugar en las tribunas.
Mientras las autoridades implementaron un fuerte operativo policial y montaron un puesto especial para verificar que las entradas sean originales, cientos de fanáticos recorren la zona con un mismo objetivo: conseguir un ticket de último momento.
El principal obstáculo es el precio. En los sitios oficiales y en la reventa, las entradas se ofrecen desde unos 3000 dólares, aunque muchos confían en que el valor baje a pocas horas del partido.
Un cordobés que viajó con la ilusión de ver a la Selección contó que todavía no consiguió ticket. “Estamos viendo por todos lados, pero están pidiendo giladas: 4000 dólares por una categoría 3, arriba. Mi idea es pagarla 2500. Es bastante, pero ya estamos acá.”
La escena se repite a cada paso. Hay grupos que consultan precios en distintas aplicaciones, otros negocian cara a cara con revendedores y algunos simplemente esperan que el reloj juegue a su favor. “Todo el mundo está buscando entradas, esperando a que baje el precio”, resumió otro de los argentinos que permanece en las inmediaciones del estadio.
Esa misma estrategia ya les dio resultado en otros partidos del Mundial. “A Kansas también fuimos y sobre la hora bajó de precio”, explicó otro hincha.
La expectativa también alcanza a quienes viajaron casi sin planificar. Uno de ellos estaba de vacaciones y decidió cambiar el itinerario apenas supo que Argentina seguía en carrera. “Algunos tenemos, otros no. Están pidiendo 2500, 3000 dólares. Se vive muy intenso, el banderazo fue increíble, muy emocionante. Creo que hay que separar el fútbol de la historia, pero es muy difícil. Yo estaba de vacaciones en Miami y dije: vengo y pruebo suerte. Ya vivir el banderazo era espectacular igual”, relató.
Otros directamente viajaron convencidos de que iban a entrar de cualquier manera. “Quiero entradas a mil dólares. Tengo fe en el equipo y en todo, es un trámite, pero no nos estamos agrandando”, dijo un simpatizante, que ya piensa en el próximo destino. “Yo ya me compré el pasaje a Nueva York, me voy mañana. Estuve contra Egipto, Cabo Verde y Jordania. Vamos a ganar 2 a 1, vamos a sufrir mucho”, dijo y aclaró: “Es un partido de fútbol, no a la guerra, eso solamente por vía diplomática.”
Entre quienes sí consiguieron un lugar en las tribunas también abundan las historias de esfuerzo y sorpresa. “Somos cinco, vinimos en familia. Es el segundo Mundial al que venimos. Hay que entrar como sea”, contó un grupo que llegó decidido a no perderse la semifinal.
Desde Miramar también viajaron hinchas para vivir la experiencia. “Es el primer partido, estamos agotados, pero felices”, resumió una pareja con sus pequeños gemelos.
En medio del clima de fiesta apareció también una historia de regalo inesperado. Una argentina que vive en Estados Unidos contó que recién el domingo supo que iba a estar presente en la semifinal. “Mi marido me sorprendió con los tickets. Es emocionante escuchar a tantos argentinos hablando”, dijo conmovida.
Su esposo sonrió y explicó el motivo del viaje: “Un regalo para mi bella esposa” y ella completó la escena con una frase que despertó sonrisas entre quienes la escuchaban: “El argentino nace donde quiere”.
Con o sin entrada, miles de argentinos ya transformaron la previa en una fiesta celeste y blanca. Algunos todavía esperan una oportunidad para entrar al estadio, mientras otros ya tienen asegurado su lugar. Todos comparten la misma ilusión: ver a la Selección dar un paso más rumbo a una nueva final del Mundial.