El mundo del deporte se encuentra de luto tras confirmarse el fallecimiento de Prichard Colón a los 33 años. El exboxeador puertorriqueño-estadounidense falleció acompañado por su familia, luego de pasar más de diez años en rehabilitación para combatir las severas secuelas neurológicas provocadas por un trágico combate. La noticia fue ratificada por su padre, Richard Colón, mientras que la Organización Mundial de Boxeo (WBO) lo despidió con un sentido homenaje reconociéndolo como “un guerrero hasta el final”.
Nacido en Florida en 1992 y de raíces boricua, Colón era considerado una de las mayores promesas de la disciplina. Tras ser medalla de oro en el Panamericano Juvenil 2010, construyó una destacada carrera profesional con un récord de 16 victorias (13 de ellas por la vía del nocaut). Sin embargo, su trayectoria se truncó abruptamente la noche del 17 de octubre de 2015 en Fairfax, Virginia.

Durante su pelea contra Terrel Williams, el deportista recibió reiterados impactos en la parte posterior de la cabeza, conocidos en el ambiente pugilístico como “golpes de conejo” (rabbit punches). Tras la finalización del noveno asalto, Colón sufrió un colapso en los vestuarios y fue trasladado de urgencia a un centro asistencial, donde los médicos le diagnosticaron un hematoma subdural que derivó en una cirugía de emergencia y un estado de coma que se prolongó por 221 días.
El delicado cuadro de salud de Colón motivó un intenso cuidado familiar liderado por su madre, Nieves Colón, convirtiendo su historia en una bandera de concientización sobre la seguridad en las disciplinas de combate. Tal fue el impacto de su caso que la Comisión Mundial de Boxeo (WBC) oficializó tiempo después la reglamentación “Prichard Colón”, pensada para sancionar con severidad los golpes a la nuca y preservar la integridad de los peleadores en el cuadrilátero.