El Mundial 2026 ingresó en su etapa más caliente y las polémicas arbitrales ya empiezan a jugar un rol determinante en las llaves de eliminación directa. España se convirtió en el primer semifinalista del certamen tras derrotar por 2-1 a Bélgica en un reñido encuentro de cuartos de final. Sin embargo, el desarrollo del partido quedó marcado por una controvertida acción dentro del área española que pudo haber cambiado por completo el destino del juego, provocando el airado reclamo del plantel belga y la llamativa inacción de la terna arbitral.
La jugada de la discordia se desencadenó a los 16 minutos de la etapa complementaria. El mediocampista Nicolas Raskin logró desbordar con velocidad sobre la banda izquierda y lanzó un peligroso centro hacia el corazón del área chica. Tras un despeje a medias del defensor Aymeric Laporte, la pelota rebotó cerca de la axila de Rodri y rozó de forma visible uno de sus brazos, lo que desató las protestas automáticas de los futbolistas de Bélgica, quienes exigieron la sanción de la pena máxima.
Pese a la vehemencia de los pedidos, el juez principal inglés, Michael Oliver, omitió las quejas y dio la orden de continuar con las acciones del juego, en una postura que fue respaldada por el sistema de revisión de video (VAR), desde donde ni siquiera convocaron al árbitro para repasar la maniobra en las pantallas del campo. Tras el pitazo final, el episodio prácticamente pasó desapercibido en el ecosistema mediático y en las redes sociales de España, donde la prensa optó por minimizar el reclamo.
De hecho, los principales portales de Madrid y Barcelona casi no abrieron el debate sobre la legitimidad de la jugada. Uno de los pocos en recoger el guante fue el diario Marca, que justificó la decisión de Oliver basándose en el reglamento vigente: “Al venir de un rebote no se puede pitar penalti”. En una sintonía similar, el diario Mundo Deportivo prefirió desviar el foco de atención hacia el área contraria, reclamando una supuesta infracción por una mano del defensor belga Nathan Ngoy luego de un disparo de Álex Baena, que tampoco fue considerada penal debido a que el jugador tenía el brazo completamente pegado a su cuerpo.