Arquitecto de profesión, Acher logró construir una carrera personalísima, fusionando con maestría la música clásica con el jazz, siempre bajo el paraguas del humor inteligente. Su trayectoria dejó una huella que trascendió géneros y fronteras.
El aporte decisivo a Les Luthiers
Acher se incorporó a Les Luthiers en 1971. Aunque comenzó como un reemplazo temporal, al año siguiente fue invitado a sumarse de manera permanente como compositor, arreglador y multinstrumentista.
Su influencia fue decisiva en la evolución del mítico grupo:
- Innovación: impulsó la estructura colectiva del grupo y el uso de equipos de amplificación.
- Discografía: fue clave para que el conjunto iniciara su carrera discográfica al vincularlos con el sello Trova.
- Obras Memorables: entre sus contribuciones se encuentran piezas icónicas como “Miss Lilly Higgins”, la “Cantata de Don Rodrigo” y la “Epopeya de los quince jinetes”.
- Instrumentos Insólitos: colaboró en la creación de ingenios como el gom-horn y el yerbomatófono, además de diseñar a Antenor, el robot musical.
A fines de 1986, Acher decidió dejar el grupo, manteniendo siempre en reserva los motivos de su partida y refiriéndose a la experiencia como “un matrimonio múltiple”.

La banda elástica y el legado inagotable
Tras su etapa con Les Luthiers, Acher fundó en 1988 La Banda Elástica, un proyecto que reunió a grandes figuras del jazz argentino como Jorge Navarro y Hugo Pierre. El grupo debutó con éxito en el Teatro Cervantes y llevó su música por Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay.
Acher continuó explorando la fusión de géneros, dirigiendo orquestas en Chile (donde residió y dio clases de historia del arte), y, a su regreso a Buenos Aires en 2016, fundó la Offside Chamber Orchestra.
Su legado se refleja en su visión sobre el arte, una marca personal que unió la pasión por la creación con un sentido del humor único, dejando una huella profunda en el mundo hispanohablante.